El peligro del “Multitasking” en reuniones virtuales

 

Cuántas veces nos enfrentamos a una situación típica del trabajo: tengo tareas pendientes, pero justo debo asistir a una reunión virtual. ¿Qué hago?

Muchos eligen ir “adelantando trabajo” mientras están en la reunión, sin dimensionar que están cayendo en una trampa. El cerebro humano no procesa múltiples flujos de información compleja de manera simultánea. Lo que realmente ocurre es esto:

  • Pérdida de profundidad: al dividir la atención, el cerebro activa un “filtro de relevancia”, captando solo palabras clave, pero perdiendo matices, tono e intención comunicativa.
  • Residuo de atención: cuando una persona vuelve a enfocarse en la reunión después de hacer otras tareas, su cerebro tarda varios minutos en reconectarse completamente con el hilo de la discusión.

 

A esto se suma algo propio de la virtualidad.

La cámara encendida no garantiza atención. El micrófono en silencio no significa escucha activa. Y la ventana abierta de la reunión muchas veces compite con mails, chats, tareas urgentes o notificaciones que no podemos dejar de ver.

Si mientras participamos estamos haciendo otra tarea, desaparecen los gestos de aprobación o desaprobación, las intervenciones que demuestran interés y el intercambio espontáneo. El interlocutor puede desalentarse y, poco a poco, se genera una baja participación general.

Esta dinámica impacta directamente en la creatividad colectiva, esa que surge de los comentarios espontáneos y del flujo de ideas en tiempo real. Del intercambio que permite mejorar y pulir un proyecto entre todos.

Tal vez muchos caigamos en esta trampa de querer “ganar” tiempo mientras asistimos a una reunión, sin pensar que podemos estar perdiendo información valiosa para nuestro trabajo. Información que después debemos volver a preguntar, o peor aún, que nos lleva a rehacer tareas por no haber escuchado con atención.

También puede suceder que tengamos algo importante para aportar y, por no estar plenamente presentes, dejemos pasar el momento. Cuando finalmente queremos intervenir, la conversación ya avanzó y las decisiones se tomaron.

 

La propuesta

Por mucho trabajo que tengamos, aprovechemos el espacio de reunión con todos nuestros sentidos puestos ahí.

Si creemos que una reunión no nos aporta valor o que no podemos contribuir, planteémoslo. Evaluemos si realmente es necesario asistir.

Pero si estamos, estemos de verdad.

Porque cuando estamos atentos, las reuniones duran menos.

Cuando escuchamos de verdad, decidimos mejor.

Y cuando participamos activamente, el equipo crece.

La próxima vez que entremos a una reunión, podemos hacernos una pregunta simple:

¿Estoy solo conectado… o estoy realmente acá?